La posada

La posada es el lugar que os ofrecemos para vuestro descanso y revitalización. El descanso, en un lugar tranquilo y acogedor donde podéis desconectar del día a día y la revitalización por el entorno natural que lo rodea: montañas, ríos, praderas y bosques preservados durante siglos,  de los que podéis disfrutar tanto si os gusta la actividad como si preferís la tranquilidad.

Hasta el año 2000, estuvo situada en otra casa, en la parte alta del pueblo al lado de la carretera, pero ahora, después de una costosa restauración, estamos junto a la iglesia mayor de Ansó, al pie de la muralla gótica en la que se apoya.

La posada ocupa un edificio de cuatro plantas de cien metros. Nosotros vivimos en el primer piso, donde nos encontraréis si nos necesitáis.

La entrada principal se sitúa en la cara sur de la planta baja, a la derecha, las escaleras nos llevan a las habitaciones; al frente, una puerta,  da acceso al comedor, donde ofrecemos los desayunos y las cenas, en una gran mesa compartida.  A la cabecera de la mesa, una roca preside la estancia,  es la misma en la que se apoyan la iglesia y la casa, que se sitúa unos metros por debajo del nivel de la calle. Este emplazamiento nos protege de los fríos inviernos y  del calor estival.

La cocina, a la izquierda del comedor, tuvimos que ganarla a la roca que invadía la casa. A la derecha, una puerta acristalada da acceso a un velador, desde el que, sin salir de la casa, disfrutamos de las vistas al jardín y al valle. Cruzando la siguiente puerta  llegamos al jardín: la muralla gótica de la iglesia lo protege. Al pie del muro hay un bancal en que cultivamos hortalizas biológicas aprovechando el calor del sol.

Sobre el cuidado césped podremos sentarnos a leer a la sombra del nogal o del saúco, tomar el sol en cómodos bancos y butacas,  jugar , hacer yoga, acariciar a Zopi, nuestra perrita, mirar las estrellas o simplemente descansar, acunados por el sonido de las esquilas del ganado que pasta en la cercana pradera…

Asomándonos a la balconada del jardín podemos ver el huerto escalonado en bancales donde cultivamos con mucho cariño las hortalizas que os ofrecemos en nuesta cocina. También escucharemos el fluir del agua, en la pequeña cascada de la Gorgocha. Levantando la vista, quizá  veamos el vuelo del milano que traza círculos alrededor del paisaje.

Volvamos a la casa: la escalera nos conducirá a las habitaciones, situadas en los dos pisos superiores. Al llegar al tercero,  la planta noble, encontramos un rellano muy luminoso que conserva la madera original, tanto en en el techo como en la tarima  y el mobiliario modernista que procede de los anteriores propietarios, la familia Gurría-Gurría, indianos  que regresaron de Argentina en el año 1916.

 

En la cuarta planta, la sabaia, tenemos otras tres habitaciones, éstas son abuhardilladas, también tienen su baño y lucanas.

Si quieres conocer las habitaciones puedes visitar la página correspondiente, aquí  en nuestra web.