Restauración de la casa

Cuando compramos la casa en 1999, sabíamos perfectamente el trabajo que teníamos que hacer, para devolver la vida a este hogar con historia, siendo fieles a la arquitectura popular pirenaica, así como al mobiliario modernista que recibimos al adquirirla. No iba a ser la primera casa a la que devolvíamos la vida, aquí en Ansó.

La planta baja era el lugar empleado para almacén de productos diversos y aperos de labranza, con salida al jardín. Tenía la cara norte protegida del frío por una roca oculta, que descubrimos; en la cara este (sol naciente) hicimos una salida a “pie plano” al jardín, mediante un velador acristalado.

La cara sur tenía una salida a la calle, que ampliamos, a la vez que  reprodujimos la forma de la puerta  de mármol que tiene la casa, en la cara oeste de la primera planta, antaño puerta principal. El espacio que ocupa actualmente la cocina hubo que hacerlo, rompiendo la roca que había dentro de la casa, para ubicarla allí.

La escalera que sube a las habitaciones desde la planta baja, en el primer tramo, la hicimos con balaustradas procedentes de casas modernistas que habían sido derribadas en Madrid a donde fuimos a comprar, columnas, radiadores… todo de la Belle Epoque, que era lo que pedía la casa.

La primera planta la destinamos a nuestra vivienda, tras bajar un metro la altura del techo, “sabido es que las casas modernistas tenían tres metros y medio de altura”, aprovechando este hueco, para pasar diversas infraestructuras procedentes de la segunda y tercera planta.

La escalera que sube a la segunda planta o “planta noble” es la misma que había: escalera de Rondó, típica de este tipo de construcción, sin apoyos angulares que destaca por su elegancia, con balaustradas de hierro fundido y fino pasamanos de madera de haya,

En la planta noble “segunda planta”, decorada con mobiliario de época, tuvimos que descender el techo en un metro, por su elevada altura , para poder ubicar cómodamente las habitaciones de la buhardilla con suficiente altura. Todas las puertas, marcos, ventanas y contraventanas de láminas se llevaron a Oloron Santa María, en el Bearn francés, para recuperar la noble madera que estaba oculta bajo unas capas de pintura muy ajadas, que se decaparon con baños de inmersión en sosa cáustica. Los tabiques de las habitaciones no pudieron conservarse al ser de ladrillo macizo de tres centímetros de ancho que dejaban oír los ruidos de las habitaciones próximas.

Entre la planta noble y la buhardilla -sabaia- pusimos un aislamiento térmico-acústico a base de una alfombra de material orgánico procedente de virutas de madera.

En la buhardilla,  después de descender un metro el suelo y poner el aislamiento descrito, aprovechamos los ladrillos de los tabiques para aislar convenientemente la pared maestra de la cara norte con una capa de arlita y pasamos a hacer la distribución del pasillo y habitaciones, dejando un hueco entre la pared norte de la casa y el pasillo, para poder conectar entre sí las dos plantas, dejando ver, así, las entrañas de una casa pirenaica, donde a la vez que sube el calor de la planta noble, baja la luz de los luceros del tejado.

pasillo 3 plantaBajo el tejado, la sabaia lleva un aislamiento de papel de periódico tratado metido en una caja de quince centímetros, debajo de las tejas, a la manera centro europea, este trabajo lo llevó a cabo Andreas Zum Egen un carpintero técnico alemán, que vive en Ansó.

Las tejas -teja romana plana- son de cerámica y en número de seis mil para todo el tejado y en orden a cincuenta por metro cuadrado, es la techumbre típica de este valle, así como de los cercanos (Echo-Roncal). Se puede observar su permanencia a lo largo de la cadena pirenaica, hacia el mar Cantábrico, sobre todo, por la cara norte del Pirineo. Esta teja sustituyó a las tablillas de madera de abeto, a partir del año 1660, cuando hubo un gran incendio en todo el pueblo, que se propagó fácilmente, siendo a partir de entonces, reemplazada la tablilla por teja de cerámica.

Debido a la originaria buena distribución de las habitaciones en la casa, se rehicieron los tabiques de la misma forma que estaban antes.

El terreno que sirve de huerto, una vez limpio de arbustos y maleza, debido a su abandono, se abancaló en tres terrazas, pues tenia mucha  pendiente para las labores hortícolas y también se separó del jardín, con un gran muro de piedra.

Otro trabajo interesante fue el grabado del acristalamiento que da paso al velador, algunas personas se chocaban con la puerta de cristal transparente al fijar la vista en el velador o en el jardín a los que da acceso, se nos ocurrió, para hacerlo visible, grabar el motivo que aparece en nuestra tarjeta, la fresa silvestre o magoría, sobre el cristal, este trabajo de precisión se lo encargamos a Ismael Navarro,  un dibujante que trabaja decorando motos y que vive en Ansó.

Esta cuidadosa restauración duró año y medio y trabajaron alrededor de cuarenta personas, de todos los gremios, incluidos los propietarios.